Después de tanto pensarlo, intentarlo, investigar y decidirme por fin...aquí estoy.
Sentada en una silla desgastada, viviendo en una casa antigua y ninguna de las dos cosas son mías. Escribiendo sobre algo que me apetece, que me tranquiliza, que me hace respirar: mis pensamientos.
A principio de año, pase el capítulo más negro y borroso que he vivido hasta entonces. Fueron perdidas, y muchas. No hubo ninguna muerte, fue algo peor, porque estás perdidas son de las que te duelen; de las que no te olvidas jamás porque forman parte de ti, de tus recuerdos, de tu historia. Cuando alguien muere, te haces a la idea ( o al menos lo intentas) de que ya no lo volverás a ver jamás;de que siempre lo vas a recordar pero que ya no podrás mirar sus ojos o apreciar su sonrisa... pero cuando pierdes a alguien en la vida, cuando ves que ya no encaja contigo...duele y mucho. Porque sabes que vas a volver a ver a esa persona cada día que pase, y aunque intentes olvidar lo ocurrido...no puedes. Ya sé que el rencor es el peor enemigo que existe, pero también sé que si su viaje a llegado a su fin...tiene que bajar.
Fue a raíz de ahí cuando me dije que tenía que empezar de cero sí o sí... y así lo hice.
Hoy en día, vivo a 300 km de distancia, a 4 horas en tren y a 3 horas en coche. Visto de esta manera no se ve tanta distancia, pero cuando lo miras desde la lejanía y te das cuenta que estás en la otra parte del mapa... lo es y mucho. Es algo como: " tan cerca pero a la vez tan lejos..."
Mi vida ha girado 180º, y os puedo asegurar que no cambiaría mi vida en estos últimos tres meses por nada en el mundo. He visto ver como se oscurecía el cielo; he visto caer rayos y truenos; he presenciado tormentas, huracanes...pero ahora que estoy apreciando resquebrajar el cielo, y se lo que es ver el sol, no pienso desaprovechar esta oportunidad por ninguna razón.
Porque una vez que has llegado a la cima, no quieres bajar. Y aunque esté sentada en una silla que ha tenido más vidas que un gato y mas historias que Scheherezade, no me quiero bajar de ella. No me quiero bajar de ella porque si me bajo, mi vida solo sería una vida y no una historia más que contar.
Hoy he confesado, y a pesar de que nadie me "oye", de que no tengo físicamente a nadie a quien mirar a los ojos... me he sentido escuchada por todos vosotros. Y por fin he podido soltar todo lo que llevaba a dentro, muy a dentro.
Para llevar a donde quieras.

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