domingo, 21 de diciembre de 2014

Dos.

Estar rodeado de amigos y sentirte solo...

Hay días en los que estoy con el ánimo por los suelos.
Otros días en los que desde que abro los ojos estoy de un humor de perros, y cuanto más busco una explicación por ello, más me enojo.
Otros días me encuentro cansada física y emocionalmente, y aunque evite estarlo, es algo que se está apoderando de mí constantemente. 
Y hay otros días, como el de hoy, en los que estoy feliz, en paz. No hay dolor de cabeza de por medio ni tampoco agobios inesperados. Sólo estoy yo y mis circunstancias. Tampoco hay gritos, ni malentendidos. Sólo risas.

Hoy es de esos días que dejan huella. De esos en los que desearías que los 365 días del año fueran iguales. De esos días que lo compartes con las personas que quieres. Con sus amigos. De esos días de reencuentros de navidad de viejos conocidos y amigos por conocer. De esos momentos de los que no se olvidan.

Hoy es de esos días que te das cuenta cuánto has madurado durante todo un año. De darte cuenta de cuantos amigos se fueron y no volvieron; cuantos amigos llegaron y quedan por conocer, y cuantos amigos se quedaron para estar a tu lado.

A primera vista no nos damos cuenta de nuestros procesos hasta que revisamos de nuevo algún que otro comentario de un tiempo atrás, o cuando visualizamos una antigua imagen y nos damos cuenta de que la persona que se ve en ella no es el reflejo que ahora ves a través del espejo. No conocemos ni a la persona protagonista ni a las personas que les acompaña.

Duele reconocerse.

Duele ver que con quién compartías tu vida ya no existen, que son otras personas.
Duele ver como van tirando púas y todas se te clavan en la espalda.
Y duele ver también como han cambiando tanto tus amigos.
Y todo esto duele porque en esos momentos eras feliz.

Pero después de todo esto, siempre viene el lado bueno: te das cuenta antes de tiempo de como eran y decides alejarte.

Aprendes de los errores pasados. Aprendes a distinguir las personas con las que quieres compartir tu vida y también aprendes de alejarte de la que no merecen tu compañía.

Y a pesar de todo, nunca aprenderás nada.
Porque siempre seremos iguales.
Más fuertes.
Más cabezotas.
Pero siempre iguales.
Porque las personas no cambian, sólo actúan.

Y lo mas triste de todo es que, creyendo que estas rodeado de amigos, te sientes sólo.




Para llevar a donde quieras.

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