Y se giró justamente para verlo marchar, como alma que lleva el diablo.
Pierre cogía el tren de las 3:10 p.m hacia su destino para no volver más.
Mientras, dos lágrimas recorrían la cara lánguida de Marisela, cuando se intentaba explicar una vez más porque lo había dejado marchar.
Para siempre.
FIN
( image: littledayda )
Para llevar a donde quieras...

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