viernes, 9 de octubre de 2015

Seis.

Qué más da lo que digan…

Cuando tu cuerpo precisamente no es de modelo ni tu talla es la que desearías que fuera. Tengo una 48-50 de talla y puedo asegurar que me siento bien conmigo misma. Sé que para mi edad es un poco excesiva esta talla, pero sintiéndome bien conmigo misma sobra todo lo demás.

En ocasiones, cuando visito a familiares o cuando voy a reuniones con amigos, siempre está el/la típico/a que te dice que estas GORDA, así en mayúsculas porque no son de los que te lo dicen al oído para no darle de comer a más personas con tus cosas sino que lo gritan a grito pelado. Mi cara se puede resumir en pocas palabras: redonda como un tomate de roja. No es que me avergüence de mi peso sino de cómo lo dice y el desdén que derrocha al decirlo.  

A ellos no les importa si tienes algún problema alimenticio o si tienes problemas hormonales o incluso que sea de herencia. No, a ellos nada de esto les importa, sólo les importa recalcarlo una vez más. Cómo si nunca te hubieras mirado ante el espejo y no supieras como eres realmente. Cuando has intentado desde siempre  mantener la misma linea. 



Pero esto no sólo nos pasa a los "gorditos", también les pasa a los que están delgados. Ellos no son conscientes del daño que hacen con estas preguntas. No saben lo molesto que resulta estar escuchando siempre lo mismo, a sabiendas de que comes bien y de que haces ejercicio para estar en buenas condiciones.

Y lo mejor de todo es que quién te lo dice es aquella persona la cual no se cuida ni tampoco presta atención a su cuerpo ya que lo tiene muy mal atendido.
De ahí, que viva mi vida como yo quiera vivirla, sin importarme que digan los demás ni tampoco desanimarme por como esté. Ya que estando rellenita o delgada siempre te van a criticar. Y sigo diciendo que soy una gordita orgullosa de serlo.

Así que vamos a darle azúcar al cuerpo y a vivir la vida que son tres días


   (image: subeimagenes.com )

Para llevar a donde quieras.

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