Tan frágil como aquel cristal en el que apoyada, lloraba desconsolada.
Sola. Sin nadie más que sus delgados brazos rodeándole el cuerpo, o lo que había quedado de ella.
Con su pequeña nariz sonrojada por las horas que llevaba así, en aquella postura, estética y emocionalmente.
Cerro fuertemente sus verdes ojos con el fin de subsistir ante aquella mirada que la penetraba desde lo hondo de su cabeza, sin poder evitar que reapareciera como un remix en su mente. Una y otra vez, y otra, y otra...
No pudo evitar romper a llorar de nuevo al recordar sus palabras:
- Lo siento nena, me voy de España para siempre. No puedo estar un segundo más viviendo con esta mentira que me ahoga cada día. Siempre te voy a llevar en mi corazón, muñeca, pero te mereces a alguien mejor que yo. A alguien que te trate como bien te mereces, pero ese alguien no puedo ser yo. Adiós. -
Nunca podrá olvidar aquellos ojos marrón avellana. Nunca. Ni el vacío que le provoco en su pequeño y maltrecho corazón.
Y así, recordando el daño que le había provocado, juró eternamente que jamás pasaría por lo mismo una vez más. Sería la última vez que lloraría por un hombre.
Para llevar a donde quieras...
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