Reencuentro...
Hoy es viernes, hace sol y me he levantado cuando ya no podía estar más en la cama, o lo que es lo mismo, relativamente tarde.
Me preparo el desayuno, miro el correo y las diferentes redes sociales de las cuales dispongo. A veces, quisiera poder despertarme un día sin pensar ni siquiera que existen, simplemente ser libre de ellas. Pero por unas cosas y por otras me siento ligada a ellas y es imposible pasar desapercibidas.
Hago mis tareas, adelanto un poco los trabajos que tengo pendiente y me marcho hacia la facultad. Me siento en mi pupitre y me dispongo a prestar atención al docente que tengo delante, habla sobre la Administración y sus modelos de servicio civil, sobre su vida, sobre un antiguo amigo que es tal y hace bla y así pasa mis dos horas de clase con él. Termino mi día de estudios y pongo dirección a mi piso. Allí me espera mi compañera, hemos quedado para ir al centro y tomarnos unas copas y regresar pronto.
Son más de las 11:30 de la noche y aun seguimos aquí sentadas, en una terraza del centro y con nuestro tercer puerto de indias. Estamos hablando de las compras que hemos hecho antes de llegar aquí cuando de pronto te veo. Tres mesas más allá. Mi corazón cabalga velozmente y mi estomago es un mariposario, no lo puedo controlar. Reconocería esos ojazos negros en cualquier lugar del mundo.
Estás sentado con unos amigos, puedo distinguir cuatro de ellos aunque mi compañera me confirma que sois ocho personas. Sonríes, habla, haces carantoñas y yo me sumerjo cuando te vi por primera vez, dos años antes en otra ciudad. Nos encontrábamos de vacaciones en la playa, coincidimos en un chiringuito. Estabas con tu camiseta de pitufos que tanto me gustaba y me comentaste que eras de mi misma ciudad y que siempre veraneabas allí. Yo te confesé que ese año no tenías ganas de bajar a la playa pero que mis amigas me convencieron y dí gracias porque me convencieran, por encontrarte allí.
Desde ese día mi vida cambio. Fueron las dos semanas más intensas que había vivido desde entonces, y el responsable de toda esa intensidad tenía un nombre: tú.
Estoy tan concentrada en mi pensamiento que no reparo en que mi compañera lleva un rato llamándome y despierto de repente. Pagamos la cuenta y salimos de la terraza, pero hay algo que me hace que gire la cabeza y de repente me encuentro con tu mirada...
Para llevar a donde quieras...
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