viernes, 22 de abril de 2016

Vecinos.


Todo lo que dé el amor que no lo separe el hombre.


Viernes, 22 de abril

16:59 de la tarde.
Silencio.
Seis pisos diferentes.
Seis puertas por escaleras.
A, B, C, D, E y F

El perro que ladra siempre a las 02:00 a.m 
El goteo de las tuberías al caer sobre el techo.
Las vecinas "locas" de la pared de la izquierda. 
El vecino seductor de la pared de la derecha.

Pero dos pisos más hacia arriba...

Se escucha un gemido y a continuación un sollozo.
-          - ¡Ya no te quiero escuchar más! No vuelvas a dirigirme la palabra hasta que no me hables bien.[...]

Silencio.

Dos pisos más hacia abajo yo, aquí, escribiendo un verso ausente de la realidad mientras dos personas discuten con rabia  y discriminación una hacia la otra dos pisos más hacia arriba. No llegan a las manos, pero si llegaran al acto. Al acto de la reconciliación, al de la felicidad después de un amargo suceso. A los besos imprudentes, a los besos lleno de deseos. A ellos dos solos.

De nuevo otro sollozo. Se lamenta. Habla pero sólo para ella. 

Suena un timbre.
Se cierra la puerta.


Historias de vidas, ajena a la multitud. A la muchedumbre, a la vecindad.


Y yo, sin nada que hacer, aguanto el tirón como puedo. Y no dejo de pensar en como acabará  una tarde brillante de un día de abril.




Para llevar a donde quieras....

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